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Hacia donde llegaremos sin los cables

Todo comenzó con la radio, siguió con la televisión, y mucho más tarde llegó el teléfono móvil y le cogimos el gusto. Los cables cada vez nos sobran más, y todo parece indicar que pueden tener fecha de caducidad.
Incomprendidos. Se desgastan, son nidos de polvo, se enredan como por arte de magia, y tienen la malsana tendencia de estar en nuestro camino en el momento más inoportuno. Cualquiera que tenga un escritorio lleno de dispositivos electrónicos sabe que la entropía se centra allí donde hay cables, convirtiendo la parte inferior de una mesa en una jungla inexpugnable de plástico y cobre.
Sin embargo, las tecnologías de enlace por radiofrecuencia (inalámbricas para los amigos) están llegando a un nivel de optimización gracias al cual podemos, por primera vez, plantearnos seriamente eliminar algunos de estos molestos cables. Veamos el presente y el futuro de los avances que nos permiten romper las ataduras en ámbitos concretos.
Internet
Cada vez cuesta más encontrar un hogar que no disponga de un modem o router inalámbrico. Con los últimos modelos, la velocidad de transferencia entre ordenadores de una misma red ya comienza a acercarse a velocidades que justifican la eliminación de los UTP-5 de cobre de toda la vida. Y si sólo se utiliza para conectarse a Internet, ni notaremos la diferencia entre el cable y el WiFi.
El futuro parece ir encaminado a darnos a escoger entre una conexión de muy alta velocidad (fibra óptica directa a casa) o eliminar cualquier tipo de cable dirigido a nuestro domicilio para ofrecernos conexión totalmente inalámbrica, utilizando repetidores de telefonía móvil o, en un futuro, unos nodos WiMax que significarán la convergencia casi total entre la telefonía móvil e Internet.
Eso sí, se buscará una mayor eficiencia, intentando que haya más repetidores y por lo tanto la potencia de emisión de cada repetidor o del terminal sea inferior, al estar más cerca.
Casa sin cables
Donde más notaremos el cambio será en casa, ya que con la tecnología WHDMI podremos realizar enlaces de vídeo de alta calidad (aplicación que requiere el mayor ancho de banda) sin necesidad de un cable. Eso querrá decir que la pantalla podrá estar en la pared mientras que la fuente de vídeo (sea un reproductor Blu-Ray, una consola, o cualquier otro dispositivo) podrá estar en cualquier lugar de la habitación.
El audio no supone tanto problema, al ser su ancho de banda más limitado, y ya existen multitud de sistemas de home cinema con altavoces dotados de tecnologías inalámbricas, como Bluetooth 2.0 estéreo, entre otras, que nos permiten situarlos en cualquier lugar sin tener que cablearlos hacia la fuente.
El Gran Hermano ya no necesita cámaras
Otra de las tecnologías inalámbricas emergentes es el RFID, o lo que es lo mismo, un sistema que interroga por radiofrecuencia a un transpondedor en forma de tarjeta de crédito o chip que puede ser implantado bajo la piel, para que éste le envíe información relativa a su propietario.
Este sistema, que ya se utiliza en aplicaciones tan variadas como accesos de seguridad a edificios o identificación de mascotas, todavía tiene mucho camino que recorrer, y sus usos tanto en medicina como en transporte todavía son muy limitados. En los próximos años, veremos cómo nuevas aplicaciones basadas en esta tecnología inundan nuestra vida, haciendo que cientos de compañías nos tengan mucho mejor controlados.
La electricidad está en el aire
Pero la asignatura pendiente en el mundo de los anti-cables está en la transmisión de energía a través del espectro radioeléctrico. Eliminar los enchufes puede estar más cerca gracias a nuevos prototipos que consiguen que un receptor consiga aprovechar el 75% de la potencia enviada por un emisor a 10 metros de distancia.
No es algo que pueda ser utilizado a corto plazo de manera comercial, pero es un comienzo. La optimización de este tipo de tecnologías conllevaría unas mejoras sustanciales para nuestro estilo de vida, y no precisamenten por la eliminación de los cables de los cargadores de móviles y demás, sino porque abriría la puerta a la captación de energía solar desde órbita para enviarla a estaciones receptoras en la superficie terrestre.



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